AAl comienzo de la Guerra Fría, en la década de 1950, la China de Mao obedeció al hermano mayor soviético. En el campo de «rojo», estuvo bajo la tutela de la URSS. Stalin tenía la ventaja. Hoy, la situación se invierte. Después de un año de esta guerra que engendró contra Ucrania, Rusia se encuentra en dependencia de China. Dentro de la relación«amistad sin límites» que Moscú y Beijing afirman haber establecido, Xi Jinping es el elemento dominante, cada día más.
La agresión perpetrada por Moscú contra Kyiv pone a Pekín en una situación compleja. Apenas tres semanas después de haber sellado, en Beijing, el 4 de febrero, este pacto de» amistad « entre sus dos países, Vladimir Putin compromete a su hijo «operación especial». Objetivo: hacerse con el control de una Ucrania que cede ante un tropismo occidental demasiado pronunciado para el gusto del hombre del Kremlin.
Sorprendida, mal informada o nada, China está haciendo un servicio mínimo. Apoya políticamente a Rusia y se abstiene de condenarla en una votación en las Naciones Unidas. Se declara opuesta a las sanciones estadounidenses y europeas. No es solo una cuestión de» amistad « entre estados Putin y Xi parecen tener una muy buena relación personal. Más importante aún, los dos presidentes están unidos en la misma ambición estratégica: acabar con la –supuesta– preponderancia de Estados Unidos, o de los occidentales en general, sobre el sistema internacional.
China, un amigo que sabe contar
Pero China está cabreada. Quiere ser una de las guardianas más exigentes del principio de inviolabilidad de las fronteras. Pekín se sale con la suya al declarar que la ofensiva rusa es la culminación de provocaciones intolerables «Occidental» – un copiar y pegar del discurso moscovita. Chinos y rusos pronto maniobrarán juntos en el Pacífico. Desde hace un año, Xi, que ha hablado varias veces con Putin, ha dejado entrever que no le gusta esta guerra. Sin embargo, nunca se puso en contacto con Volodymyr Zelensky, como tampoco China pidió mediación.
Dentro de la pareja chino-rusa, la economía y la demografía establecen la superioridad china. Los dos países están a 4.200 kilómetros de distancia de la frontera. Con unos 18.000 millones de dólares (más de 16.600 millones de euros), China (1.400 millones de habitantes) alinea un producto interior bruto diez veces superior al de Rusia (144 millones de habitantes). Las sanciones posteriores al 24 de febrero de 2022 y el boicot a los hidrocarburos rusos decidido por la Unión Europea exacerban la dependencia de Rusia de China, situación que detalla el politólogo ruso Alexander Gabuev, de la Fundación Carnegie, en un artículo de la revista. Asuntos Extranjeros (agosto de 2022) titulado «El nuevo vasallo de China».
Te queda el 51,6% de este artículo por leer. Lo siguiente es solo para suscriptores.


