«Las normas europeas no dejan flexibilidad para adaptarse al cambio climático»

«Las normas europeas no dejan flexibilidad para adaptarse al cambio climático»

IEl ministro francés de Hacienda, Bruno Le Maire, temía una posible rebaja por parte de la agencia de calificación Standard and Poor’s de la calificación financiera del Estado francés. Acaba de abordar una de las recomendaciones del informe Pisani-Ferry, que consistía en financiar el “muro de inversión” necesario para alcanzar nuestros objetivos climáticos mediante deuda adicional y/o un impuesto adicional. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, sigue mostrándose favorable a la continuación de la subida de tipos de interés. Esto aumentará la carga de la deuda de los actores públicos y privados, reducirá su capacidad de endeudamiento.

Sin embargo, está claro que la inflación actual no es de origen monetario y que es en la economía real donde se deben encontrar las soluciones. La Comisión Europea, bajo la presión en particular de nuestros vecinos alemanes, propone » noticias « reglas presupuestarias que confinan el incremento del gasto público dentro de unos límites contables arbitrarios y surrealistas para quienes conocen la realidad de los presupuestos de los países europeos. Estas reglas no dejan margen para aumentar los gastos vitales para mitigar las emisiones de CO2.2reduciendo así nuestra dependencia de combustibles fósiles en gran parte importados y adaptándonos al cambio climático en curso.

En resumen, las palancas monetarias y presupuestarias que deben movilizarse masivamente ante una crisis existencial no sólo lo son sino que, peor aún, dificultarán aún más su resolución. La subida de los tipos de interés degradará la rentabilidad de las operaciones de renovación energética de viviendas y edificios y, en general, degradará las de las inversiones de transición.

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El rigor presupuestario reducirá la capacidad de inversión del Estado y las autoridades locales. Reducirá las ayudas públicas a operaciones privadas que las necesiten en un contexto donde externalidades negativas, como las emisiones de CO22, están muy por debajo del precio, lo que no disuade en absoluto de los combustibles fósiles y su uso. Obviamente, también conducirá a una reducción de los beneficios sociales, mientras que está bien establecido que la transición debe ser percibida como socialmente justa.

El bricolaje no es suficiente

Esta situación no es exclusiva de Francia. Cuando el Fondo de Recuperación y Resiliencia –decidida oportunamente para responder a la crisis del Covid-19– se agotará, a más tardar en 2026, las inversiones en la transición prevén tener que reducirse en muchos países.

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