Las calles de Zaragoza, en el norte de España, se convirtieron en auténticos ríos el jueves 6 de julio. Un episodio de lluvia torrencial aceleró, por la tarde, violentas inundaciones en la ciudad, que tuvo que paralizar parte de su transporte público. Una docena de automovilistas tuvieron que ser rescatados tras quedar atrapados en su vehículo.
El viernes 7 de julio, unas cuatrocientas viviendas permanecían sin luz. La provincia permanece en alerta naranja de vigilancia por el riesgo de tormentas con granizo y fuertes rachas de viento.
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