“Que los países del Norte puedan recurrir a la mano de obra de los países del Sur que es inagotable, barata y lista para migrar, es hoy más que cuestionable”

“Que los países del Norte puedan recurrir a la mano de obra de los países del Sur que es inagotable, barata y lista para migrar, es hoy más que cuestionable”

Iuna migración laboral navegó siempre entre las necesidades cada vez más apremiantes de cualificación del mercado laboral y la reiterada procrastinación de los líderes políticos. Es cierto que estos últimos están bajo la presión de una opinión pública generalmente desfavorable a la utilización de mano de obra extranjera.

Pero con la aceleración del envejecimiento de la población, bajo el doble efecto de una tasa de natalidad vacilante y una esperanza de vida que no deja de aumentar, este equilibrio se hace frágil.

El Gobierno, al proponer un proyecto de ley que establece la creación de un permiso de residencia para “profesiones estresadas”, está reactivando un viejo debate, el de la fuga de cerebros. Si ciertas ramas que sufren una carencia estructural de mano de obra (construcción, hostelería, transporte por carretera, enfermería, ayuda a domicilio, sin olvidar el sector agrícola) dan la impresión de que las necesidades se sienten principalmente en sectores donde la mano de obra es escasa o moderadamente calificado, resulta que las carencias también son persistentes en los sectores que requieren personal altamente calificado (ingenieros, médicos, etc.).

Una evidencia

Este fenómeno no es específico de Francia, afecta también a todos los países del Norte. Asistimos, por tanto, a una auténtica batalla entre estos países para atraer talento, especialmente los más numerosos de los países del Sur. Esta carrera por el talento se ve exacerbada por los cambios tecnológicos y la doble transición verde y digital. Hay mucho en juego, porque el éxito de estos últimos no solo repercutirá en la competitividad de los países, sino que sin duda contribuirá a la lucha contra el cambio climático, el mayor desafío de nuestro tiempo.

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Por lo tanto, el uso de mano de obra extranjera parece obvio a pesar de las reticencias de la opinión pública. Esto nos remite a una cuestión ética: la migración de personas altamente calificadas parece ser una acción que puede perjudicar al país de origen. El esquema clásico, que se basa en el supuesto de que los países del Norte podrían recurrir a la mano de obra de los países del Sur que es inagotable, barata y lista para migrar, es hoy más que cuestionable.

La literatura económica es unánime sobre el papel esencial del capital humano en la aceleración del crecimiento económico y el desarrollo de los países. Extraer sin compensación de la reserva de talento de los países del Sur es privarlos de su factor de producción más importante. Es económicamente pagado, políticamente indefendible y éticamente imperdonable.

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